Aunque a veces no nos acordemos, hay muchísimas personas que han tenido que huir de sus casas, de sus ciudades e incluso de sus países porque no podían vivir en paz allí.
Si tu vida y la de tu familia corrieran peligro ¿no crees que huiríais a otro lugar para intentar vivir bien, en paz, felices?
El Papa Francisco sabe cuánto están sufriendo los refugiados y los migrantes y nos pide que reflexionemos sobre este asunto, que recemos y que cambiemos nuestras actitudes para sentirlos como lo que son: nuestros hermanos.
A veces cuando alguien es muy diferente a nosotros, nos asusta, nos intimida... no sabemos cómo comportarnos. Jesús enseñó a sus discípulos cómo debían actuar y ellos nos lo enseñan a nosotros. En una de sus cartas nos dicen:
Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.
¿Qué te hace pensar o sentir esta lectura?
En realidad, nos animan justo a lo mismo que el Papa: a APRENDER A VIVIR TODOS JUNTOS y a buscar un NOSOTROS cada vez más grande.
SANTA Mª EUGENIA DE JESÚS,
RUEGA POR NOSOTROS
