Hacemos silencio... por dentro y por fuera.Nos ponemos en presencia del Señor. En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. AMÉN.
Hubo una vez 4 semillas amigas que llevadas
por el viento fueron a parar a un pequeño claro de la selva. Allí quedaron ocultas
en el suelo, esperando la mejor ocasión para desarrollarse y
convertirse en un precioso árbol.
Pero cuando la primera de aquellas semillas
comenzó a germinar, descubrieron que no sería tarea fácil. Precisamente en
aquel pequeño claro vivía un grupo de monos que arrojaban plátanos a cualquier
planta que vieran crecer. De esa forma se divertían, aprendían a lanzar
plátanos y mantenían el claro libre de vegetación.
Aquella primera semilla se llevó un platanazo
de tal calibre, que quedó casi partida por la mitad. Y cuando contó a las demás
amigas su desgracia, todas estuvieron de acuerdo en que lo mejor
sería esperar sin crecer a que aquel grupo de monos cambiara su residencia.
Todas, menos una, que pensaba que al menos
debía intentarlo. Y cuando lo intentó, recibió su platanazo, que la
dejó doblada por la mitad. Las demás semillas su unieron para pedirle que
dejara de intentarlo, pero aquella semillita estaba completamente decidida a
convertirse en un árbol, y una y otra vez volvía a intentar crecer. Con cada
nueva ocasión, los pequeños monos pudieron ajustar un poco más su
puntería gracias a nuestra pequeña plantita, que volvía a quedar doblada.
Pero la semillita no se rindió. Con cada nuevo
platanazo lo intentaba con más fuerza. Y así, durante días, semanas y meses, la
plantita sufrió el ataque de los monos que trataban de parar su crecimiento.
Hasta que un día no se dobló. Recibió
un platanazo, y luego otro, y luego otro más, y con ninguno de ellos llegó a
doblarse la joven planta. Y es que había recibido tantos golpes, y se
había doblado tantas veces, que estaba llena de duros nudos que la
hacían crecer y desarrollarse más fuertemente que el resto de las semillas.
Así, su fino tronco se fue haciendo más grueso y resistente, hasta superar el
impacto de un plátano. Y para entonces, era ya tan fuerte, que los
pequeños monos no pudieron tampoco arrancar la plantita con las manos. Y allí
continuó, creciendo, creciendo y creciendo.
Y, gracias a la extraordinaria
fuerza de su tronco, pudo seguir superando todas las dificultades, hasta
convertirse en el más majestuoso árbol de la selva.
PARA AYUDARTE A PENSAR...
Ya llevamos varios días en
este nuevo curso. ¡Plantéatelo como una gran aventura! No olvides que el
esfuerzo será fundamental y no tengas miedo, piensa que Dios está ahí, siempre
a tu lado, en tu esfuerzo, ayudándote a ser más fuerte.
Traemos la vida ante el Señor (Compartimos algún pensamiento que nos haya provocado el cuento, damos gracias, pedimos ayuda al Señor...)
Padre nuestro que estás en el cielo...
Sta Mª Eugenia de Jesús,
ruega por nosotros.